LA VERDADERA
HISTORIA DE NUESTRA CIERVA TRIANA
Yo,
Triana, solo era una pequeña cierva que corría por el campo. Solía atravesar
gran parte de la Serranía de Cuenca. Podía ir desde los altos montes de Beamud
hasta bajar a las leves llanuras que deja paso el Río Guadazaón, en aquellas
tierras fronterizas entre los pueblos de Valdemoro y Valdemorillo de la Sierra.
Mi
casa era la naturaleza; tenía un espíritu salvaje que me hacía correr, saltar y
disfrutar de cada árbol, de cada riachuelo y de cada huella que podía vislumbrar
con cada uno de mis sentidos.
Esa
era mi vida. Disfrutar de la leve caricia del viento en mis grandes orejas y
sentir la velocidad de mis patas moviéndose al son de la infinidad del bosque.
Un
día de mayo todo cambió. No sé por qué, ni cómo sucedió. Una de mis patas
traseras se quedó paralizada. No me podía mover. Yo solo contaba con unos meses
de vida, por lo que me quedé agachada a la orilla de un camino, esperando
alguna ayuda que no sabría si llegaría.
¿Qué
pasó enton ces?
El
día ya estaba llegando a su fin y la preocupación por mi vida crecía a la vez
que el dolor que presentaba mi pata izquierda.
Todos
sabemos que a vuestro profe Jesús le encanta la naturaleza y perderse entre sus
bosques conquenses y, quien iba a ser si no....
Vi
acercarse un todoterreno rojo, pero pensaba que pasarían de lejos. De pronto me
vieron. Se dieron cuenta de la gran herida que me había hecho en la pata, por
lo que me cogieron para que ese no fuera mi final.
En
ese momento yo desconfiaba de todo el mundo. Curaban mi herida con la intención
de que volviera lo antes posible a mi casa, pero cuantos más días pasaban yo
más me encariñaba con esa chica morena, con la que me daba los biberones de
leche y hacía todo para mi recuperación.
Llegó
el momento de tomar una decisión: mi pata estaba curada, pero por mi carácter
me era imposible abandonar a quien se había convertido en mi madre. Ellos
decidieron soltarme, hacerme otra vez libre, pero yo quería permanecer con
ellos. La puerta estaba abierta, no había ningún cercado ni nada que me
impidiera salir corriendo, pero no lo hice.
Después
de correr, brincar y volver a sentir esa velocidad que está dentro de mí, volví
al reencuentro de mi verdadera familia, de esas personas que me habían salvado
de una muerte segura.
Ahora,
así es mi vida. Vivo rodeada de cabras, gallinas, conejos....Además tengo toda
la libertad de salir, correr y sacar mi espíritu salvaje, que perdura y
perdurará todos los días de mi vida.
Jesús Argudo Atienza
En
clase tenéis a Triana en peluche. Un peluche que representa el cariño, la
amistad, la solidaridad, la cooperación y la naturaleza. Cuidarla...
Y, esta soy Yo:

Que historia más bonita. Muchas gracias Jesus
ResponderEliminarEs una historia totalmente verdadera. En clase también hemos visto un vídeo para que nuestros monstruitos vieran que es real y, ¡han alucinado!
Eliminar¡Qué suerte tuvo Triana! Bueno, quizá los chicos del todo-terreno rojo también fueron afortunados...
ResponderEliminar